"Precios Justos", un intento con historia

Cuáles fueron los resultados de las principales regulaciones de precios llevados adelante durante los últimos cincuenta años

20 de noviembre, 2022 | 00.05

Como cualquier instrumento del que dispuso el Estado para regular la economía y la inflación, sean los acuerdos sociales, la tasa de interés, el control de cambios, el gasto público o la emisión monetaria por solo nombrar algunos, las regulaciones de precios tuvieron resultados tanto exitosos como estériles en la historia argentina. Esto fue así porque, como en otras atribuciones que tienen los gobiernos para intervenir la economía, su éxito dependió de variables tan disimiles como la autoridad y el momento político, los acuerdos sindicales y empresarios, la corrección de variables macroeconómicas, la tasa de rentabilidad empresaria, la eficacia técnica en su aplicación, el lapso de tiempo en la que se llevó adelante, o demás políticas económicas complementarias, entre muchos otros factores.

Sin embargo, la publicidad construida durante décadas por sectores de la derecha económica, ha logrado instalar la idea de “inutilidad”, en esta herramienta, más allá de la experiencia mundial en los países de la posguerra, en el últimamente habitual ejemplo israelí de 1985, o de las experiencias de los últimos 50 años en nuestro país.

Antecedentes  
Adolfo Canitrot, funcionario de Raúl Alfonsín integrante del equipo económico que apostó al exitoso congelamiento de precios durante el Plan Austral, señaló en su trabajo “La viabilidad económica de la democracia: un análisis de la experiencia peronista 1973-1976”, que la inflación era fundamentalmente “la manifestación económica de la resistencia de algunos sectores de la sociedad a las pautas de distribución que pretenden imponérsele”, más allá de que advertía que “como fenómeno se autoalimenta, adquiere autonomía y desdibuja la política económica”.  El control de precios que lanzó el equipo económico alfonsinista en 1985 provocó, junto a otras medidas, un descenso de la inflación anual del 385 por ciento en 1985 al 91 por ciento para el año siguiente. De la misma forma, el programa “Precios Cuidados”, que aunque negociaba los valores con las empresas sostenía por tres meses precios fijos en los alimentos, hizo descender, junto a otras herramientas, la inflación del 38 por ciento en 2014 a 25 por ciento en 2015.

Resultados tangibles, pero menos contundentes, fueron lo que obtuvo el ex Secretario de Comercio Roberto Felletti, quien a poco de asumir a mediados de octubre del año pasado, dispuso un congelamiento con precios retroactivos a septiembre y por 90 días de 1.432 productos de consumo masivo, sumando al mes siguiente 17.000 presentaciones de medicamentos por 60 días, tras lo cual congeló cinco cortes de carnes. El resultado de esos tres meses de “congelamiento”, fue un descenso de la inflación de un punto en noviembre, pues cayó del 3,5 al 2,5 por ciento, mientras que diciembre y enero se mantuvieron en guarismos levemente mayores a los del inicio del congelamiento, con 3,8 y 3,9 por ciento respectivamente.

Pero en los últimas cinco décadas, también gobiernos de signo ortodoxo y neoliberal apelaron a esta herramienta. Por caso, al año de estar en el poder, el ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz lanzó un congelamiento de precios por cuatro meses, que entre otras medidas posibilitó que la inflación descendiera del 444 por ciento de 1976 a 177 al siguiente año.

También el gobierno de Cambiemos anunció en abril de 2019 un programa de control de precios, el cual junto a un fuerte ajuste sobre los sectores populares llevó a que la inflación descienda del 4,7 por ciento en marzo a 3,4 abril, 3,1 en mayo 2,7 en junio, y 2,2 en julio. Sin embargo, al cabo de ese año, la inflación terminó en valores record desde el estallido de 1989, con un 53 por ciento, así como también la pobreza, que alcanzó el pico pre pandemia de 35,5 por ciento de la población.

Párrafo aparte merece el más contundente de todos, obtenido por el tercer gobierno de Perón, con José Ber Gelbard como ministro de Economía y mediante el Pacto Social de 1973, el cual posibilitó un descenso de la inflación del 80 por ciento en 1972 al 27 por ciento para fines de 1974, redistribuyendo al mismo tiempo el ingreso nacional, pues los trabajadores pasaron a obtener del 33 al 42 por ciento del PBI, gracias a un paralelo aumento salarial.

La habitual mención al “día después” del congelamiento, fue utilizada ampliamente para desacreditar este y otros planes. Pero lo cierto es que, tras la partida de Gelbard el 20 octubre de 1974, motivada por el deceso de la autoridad política del plan, Juan Perón, y la imposibilidad del ministro de compartir gobierno con el ministro de Desarrollo Social y organizador de la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) José López Rega, su sucesor en el cargo no fue Celestino Rodrigo, el autor del “Rodrigazo” que suele adjudicársele a Gelbard, sino quien revestía como presidente del Banco Central, Alfredo Gómez Morales, cuyo enfoque se diferenció claramente del primero.

Sería recién en junio de 1975, nueve meses después de la partida de Gelbard, cuando finalmente asumiría Celestino Rodrigo, luego de una gestión ortodoxa de Morales que no solo eliminó la regulación de precios, sino que devaluó el peso en un 50 por ciento y redujo el gasto orientado al desarrollo de unidades productivas que ampliasen la oferta.

Los resultados de la gestión de Celestino Rodrigo y su Secretario de Programación y Coordinación Económica Ricardo Zinn, vinculado a Martínez de Hoz y al Grupo Macri, tuvieron como resultado final una inflación que ascendió del 27 al 182 por ciento anual.
 
Con todo, la experiencia demuestra también que los buenos resultados de una regulación de precios, tuvieron siempre un carácter temporal y solo sostenidos en el tiempo al complementarse con autoridad política, acuerdos sociales, y la corrección de variables macroeconómicas, vinculadas tanto al trabajo y como al capital.

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