Comercio y deuda: el plan de Massa para bajar la expectativa devaluatoria

Sin anuncios rimbombantes ni expresiones optimistas, Massa marcó una continuidad con las medidas económicas más recientes y se comprometió a un ordenamiento fiscal. 

03 de agosto, 2022 | 21.34

La primera conferencia de prensa de Sergio Massa como Ministro de Economía no tuvo anuncios rimbombantes, ni catastróficos ni optimistas. Así, si alguien esperaba un salto devaluatorio, el fin del cepo cambiario, el desdoblamiento o algún cambio de rumbo significativo, como aquellos que suelen ocurrir cuando hay cambios de gobierno, se quedó con las ganas o al menos deberá esperar un poco más.

Los anuncios mostraron la continuidad de algunas políticas recientes, como el congelamiento de la planta estatal y la segmentación tarifaria, en línea con el reforzamiento de los objetivos de ordenamiento fiscal, así como la ampliación del plazo para que los exportadores agropecuarios se acojan al dólar-soja anunciado la semana pasada. El ordenamiento fiscal como norte debe ser entendido como una señal amistosa hacia el mercado y no como una política en sí misma, en tanto no se anunció, afortunadamente, un plan de ajuste concreto.

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La presentación hizo más hincapié en la cuestión externa, a partir de los objetivos de reforzamiento de las reservas internacionales y el sostén y la expansión del superávit comercial a partir de la promoción de exportaciones. En todos estos casos el eje estuvo en una agenda de trabajo con distintos interlocutores institucionales y corporativos antes que en el anuncio de medidas específicas.

Sin embargo, hay un punto que si leemos entrelineas (o no tanto) puede resultar fundamental. El flamante ministro anunció conversaciones para reforzar la posición de reservas a partir de nuevas líneas de crédito. Se trata de algo que ya suponíamos y que la designación del ex viceministro de Domingo Cavallo, Daniel Marx, nos hacía vislumbrar: se espera un retorno del endeudamiento externo como medio para asegurar la estabilidad macroeconómica. Habrá que ver cuáles son las condiciones de los créditos que se suscriban, pero por lo pronto ese es un dato saliente.

Si uno intentara desarmar la línea argumental, el plan parece ser el siguiente: dado que el país tiene superávit comercial (fue récord en 2021, bajará en 2022 pero seguirá siendo positivo), la fragilidad externa debe entenderse desde el canal financiero y potenciada por la elevada inflación; es esa inestabilidad financiera la que hace que muchos productores y exportadores especulen con una devaluación y decidan no liquidar la cosecha; la llegada de créditos, en conjunto con los acuerdos y promociones que se hagan con los órganos representativos de los sectores y con el canje voluntario de deuda que reduzca los vencimientos a corto plazo, podría bajar las expectativas devaluatorias. Si con el endeudamiento estas se disipan, los exportadores liquidarán las divisas y las reservas crecerán.

Se trata de una historia que ya vivimos muchas veces: cubrir la inestabilidad financiera con deuda puede implicar un shock de estabilidad que incentive las inversiones, pero las más de las veces se ha tratado de un endeudamiento público utilizado para garantizar la fuga privada. Si no funciona, a las expectativas devaluatorias habrá que agregarles un aumento del endeudamiento externo y un recrudecimiento de la fragilidad.

En todo caso, la variable es el tiempo. Massa parece especular con que la pax cambiaria que surja de los acuerdos con los sectores y, sobre todo, del nuevo ciclo de endeudamiento, pueda durar hasta fines de 2023 y el gobierno llegue sin sobresaltos importantes a la campaña electoral, luego de la cual se podrá barajar y dar de nuevo. Con Massa y Daniel Marx vuelve la deuda para paliar la restricción externa. ¿Podrá limitarse al contexto específico de la corrida vigente o se abrirá un nuevo ciclo de megaendeudamiento?

Por último, y como comentario adicional, no deja de ser llamativa la respuesta a la cuestión de los planes sociales: al proponerse que, si consiguen trabajo, los beneficiarios puedan mantener el plan por un año y que el empresario pague la diferencia, el Estado estará convirtiendo los planes en un subsidio directo al capital. Dependiendo de la implementación y de los sectores de que se trate, los efectos de esto sobre los salarios pueden ser negativos.

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Nicolás Dvoskin

 

Economista, Politólogo y Dr. en Ciencias Sociales. Investigador del Conicet. Profesor de las universidades de General Sarmiento y Lanús.

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